Solo son mujeres

Una obra para meditadoras pacifistas, antifascistas más vengativos y para todas aquellas personas interesadas mínimamente en la historia reciente de nuestro país


Si digo que esta obra trata sobre el sufrimiento de las mujeres durante la represión franquista puede que se me conteste que será el mismo que el que pasaron los hombres. Y si intento insinuar que pueda ser un padecimiento aun mayor que el de sus coetáneos masculinos podré ser tildada incluso de feminazi. Pero la verdad es que da igual, los datos, o la ausencia de ellos, hablan por sí solos.

Miles de mujeres fueron represaliadas tras la Guerra Civil española y durante el franquismo. Encarceladas, asesinadas, torturadas, vejadas,… Muchas de ellas por el simple hecho de haber sido maestras republicanas, por haber ayudado en hospitales durante la guerra o por haber sustraído medicamentos para niños enfermos. Y ni siquiera se sabe cuántas. Las mujeres no eran siquiera un número, ni lo son actualmente. No se las reconocía como presas políticas, sino como prostitutas o delincuentes comunes, por lo que no hay registro estadístico que ejemplifique su tragedia. Total, solo eran mujeres.

De todo ello trata esta obra, dirigida por Carme Portacelli y con tres mujeres en escena: la actriz Míriam Iscla, la bailarina Xaro Campo (en sustitución de Sol Picó) e interpretando la música de Maika Makovski, Carmen Conesa. Con la conjunción de la pasión de la danza, la fuerza de la música y la intensidad de la interpretación, las tres artistas nos hablan de testimonios reales de mujeres encarceladas, torturadas y asesinadas durante el franquismo. Entre ellos, los casos de Matilde Landa (detenida y acosada hasta el suicidio para que se bautizara), Amparo Barayón (mujer de Ramón J. Sender que huyó a Zamora con su familia de derechas y acabó fusilada por la denuncia de su propio su cuñado) y Tomasa Cuevas (que tras huir se dedicó a recopilar testimonios de presas). Y también nos muestran la complicidad necesaria de la Iglesia. La espantosa colaboración de las monjas en la custodia de las presas, las torturas, los chantajes, la malnutrición, el asesinato y el intento de conversión.

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La escenografía y el video completan la obra que pese a mostrar una gran crudeza no intenta victimizar a sus protagonistas. Son relatos que inspiran, que alientan a pelear y a reclamar la reparación de su memoria, pero también los derechos de todas y cada una de nosotras en la actualidad. Al fin y al cabo, no hemos evolucionado tanto. Estamos permitiendo cosas similares aquí al lado, en nuestras fronteras. Y lo que nos hace salir indignados de la sala, no nos conmueve lo suficiente para tratar de evitarlo.

La última función de esta obra en el Teatro de la Abadía de Madrid tendrá lugar mañana, domingo 17 de abril. Desde aquí recomendamos asistir a este homenaje a grandes luchadoras silenciadas. ¡Todavía quedan entradas!

España es un país que tiene a la mitad de su gente sin enterrar. No se trata de remover el pasado ni de dividir al país sino de todo lo contrario: de que estemos en paz habiendo reconocido lo que ha ocurrido. Es la única manera

Carmen Portaceli

 

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