El Público

Recomendada para mentes inquietas, transgresoras y libres


Federico García Lorca dijo de su obra “El Público” que quizá era irrepresentable en el momento en el que la creó y que sería un exitazo tras diez o veinte años. Han pasado más de 85 desde entonces y, a juzgar por las caras de algunos de los asistentes a la representación que tiene lugar estos días en el Teatro de La Abadía de Madrid, quizá aún sigue siendo incomprensible para algunos y un escándalo para las mentes más obtusas.

La versión dirigida por Álex Rigola, que cosechó grandes éxitos el año pasado, ha vuelto a la sugerente sala San Juan de la Cruz del teatro madrileño y la ha transformado. Las poderosas metáforas, imágenes e ideas creadas por Lorca lo invaden todo, desde el vestíbulo a las butacas, e intentan asaltar la mente de los espectadores.

Este texto complejo que es un canto a la verdad y la autenticidad está interpretado por 15 actores genialmente coordinados que mutan de unos personajes a otros y que pasan por diferentes registros durante las distintas partes de la obra. Todos ellos están espléndidos. Nao Albet, Jesús Barranco, David Boceta, Juan Codina, Rubén Eguia, Oscar de la Fuente, Laia Durán, Irene Escolar, María Ernanza, Alejandro Jato, Jaime Lorente, David Luque, Nacho Vera, Guillermo Weickert y José Luis Torrijo forman un engranaje perfecto. Hacen de lo confuso una virtud y toman de la mano al espectador para que se deje llevar por la inspiración y la más absoluta libertad, tanto a la hora de interpretar el sentido de la obra como de las tramas y del motor que mueve a cada personaje. Resultan creíbles, humanos. Podrían ser cualquiera de nosotros y ninguno a la vez. Se trata de un viaje directo al mundo personalísimo de su autor en el que nos encontramos con interpretaciones surrealistas y freudianas de los deseos, con diferentes alter egos del poeta y dramaturgo granadino y con sus honestas dudas profesionales y personales.

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La cuidada escenografía destaca por su versatilidad y estridencia, resultando tan conmovedora como los cambios de registro y ritmos. La tierra sobre la que caminan los actores y que dificultan sus movimientos, la ropa o su ausencia, la música en directo, la danza de algunos personajes y la luz, todo es destacable en un montaje diferente y trasgresor.

“El Público”, que podrá verse en La Abadía hasta el 18 de diciembre, es un canto por la libertad, por romper con las máscaras que encontramos en todos los rincones de nuestra sociedad, por la felicidad y contra la tradición que ahoga el goce y la satisfacción de nuestros deseos. Durante la hora y veinte que dura la obra, se pasa del cuestionamiento de las imposiciones sociales a la reflexión sobre la misión y la verdad del teatro. Nada se resuelve. La interpretación es libre, tan libre como las personas y los pensamientos.

Mi puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón

 

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