Dentro de la tierra

Recomendada para supersticiosos, curanderas y amantes de la comida ecológica


El Teatro Valle-Inclán de Madrid, una de las sedes del Centro Dramático Nacional en la capital, acoge hasta el próximo 19 de noviembre la representación de Dentro de la Tierra, el texto con el que el almeriense Paco Bezerra obtuvo el premio Calderón de la Barca en 2007 y el Nacional de Literatura Dramática en 2009 y que hasta ahora estaba inédito en España. El encargado de llevarlo a escena ha sido Luis Luque que dirige un montaje que emana lirismo y un mundo onírico cargado de realidades.

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La mención a la procedencia del autor del texto no es casual. Esta obra respira tierra, sol e invernaderos. Las tradiciones, las supersticiones y los convencionalismos atraviesan la trama. Y la historia de amor que hilvana todo el argumento se convierte en una excusa para reflejar un mundo concreto, un drama que bebe de los clásicos, y que con el detalle de lo más local y pintoresco nos habla de temas universales.

Entre el sueño y la realidad, el protagonista de Dentro de la Tierra, Indalecio, es un chico incomprendido por su familia, propietarios de grandes extensiones de plantaciones de tomates que se han ido forjando su fortuna con el sudor de su frente y grandes sacrificios. Indalecio no comparte sus ideales y sus familiares no le entienden a él. Los choques desembocan en grandes desencuentros en los que lo tradicional es cuestionado.

Los temas tratados son locales y a la vez aplicables a muchos otros lugares: ¿quién no conoce una población que se opone a cerrar la fábrica que les da trabajo pese a saber que a su vez dicha industria está matando lentamente a sus habitantes? ¿quién no se aprovecha directa o indirectamente de que grandes cantidades de inmigrantes trabajen por sueldos míseros y en condiciones inhumanas en diversas tareas que facilitan la vida tal y como la conocemos? ¿quién no ha visto como la diferencia no es aceptada ni tolerada en la sociedad?

El elenco, formado por Samy Khalil como Indalecio, Mina El Hammani como Farida, Jorge Calvo Raúl Prieto y Chete Lera como los hermanos y padres del protagonista, Pepa Rus como Mercedes y Julieta Serrano como La Quinta, realiza un buen trabajo realzado por una espléndida puesta en escena de Mónica Boromello. Con un punto surrealista, el espectador es trasladado al interior de un invernadero con un toque extraterrestre, sofocante y árido como la tierra en la que se inspira.

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La familia, que no siempre es el apoyo más importante de una persona sino que puede ser su peor lastre; la locura, que muchas veces depende del punto de vista del que observa, y la identidad, en todas sus vertientes, son los grandes temas de esta obra con aire lorquiano ambientada en un mundo rural y vulgar que se mueve por la fe y los rituales. Una interesante y personal propuesta que lleva a escena el universo de uno de los jóvenes dramaturgos españoles más interesantes del momento.

Mi puntuación 4/5

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Estela Cayón