Juicio a una zorra

Recomendada para todos aquellos que aun no hayan disfrutado de una interpretación dramática de Carmen Machi, y para los que sí lo han hecho y han quedado enganchados


El pasado fin de semana fuimos a ver Juicio a una Zorra, la aclamada obra producida por la compañía Kamikaze, escrita y dirigida por Miguel del Arco y protagonizada por Carmen Machi. En un monólogo de 60 minutos, Machi se mete en la piel de Helena de Troya, o Helena de Esparta, según se mire, y nos intenta explicar su visión de la historia mitológica, una visión femenina y una perspectiva nunca compartida en los cantos de las grandes gestas.

Helena defiende que todo lo contado hasta ese momento es simplemente la versión de los hombres, de los hacedores de guerras, de los que la han maltratado, despreciado, violado y humillado. Y está decidida a contar su punto de vista. Así, nos enteramos de que Teseo, Aquiles, Ulises y otros tantos personajes solo son héroes porque se ha destacado y recordado una parte de su historia, y que, si se hubiera difundido otra, quizá les tomaríamos por villanos.

El sufrimiento, la desolación, la tristeza, la soledad y la incomprensión es todo lo que ha sentido Helena a lo largo de su vida, por la que hace un detallado recorrido. Y también en el tiempo presente, condenada por su padre a envejecer eternamente. La que fue la mujer más bella de todas, habla directamente al público sobre la insatisfacción que su condición perfecta y divina le ha conllevado para que saquen su propio juicio de lo expuesto. Y también conversa con su padre, Zeus, que se manifiesta únicamente en forma de truenos.

Juicio a una zorra © Sergio Parra_4.jpg

Machi está sola en el escenario durante toda la obra. La escenografía, con pocos elementos, resulta sin embargo muy barroca. La iluminación rojiza de Juanjo Llorens, las botellas de vino y copas de cristal y esa gran mesa que va de lado a lado del escenario acompañan a la actriz en este papel en el que destaca gratamente por su capacidad de cambio de registro, de la más profunda pena a la comicidad irónica, y por su fuerza. El único elemento que no termina de casar del todo con el conjunto es la música y la canción que la protagonista canta al finalizar.

Pese a este detalle, nos encontramos ante un montaje sobresaliente. No en vano lleva representándose desde 2011 consiguiendo colgar el cartel de entradas agotadas allá dónde se representa. Estén atentos porque es probable que próximamente se programen nuevas representaciones en el Teatro Pavón Kamikaze que la compañía de Miguel de Arco, Israel Elejalde, Aitor Tejada y Jordi Buxó ha puesto en marcha desde el pasado septiembre. Si tienen oportunidad, no se la pierdan.

Mi puntuación 5/5

5estrellas

Estela Cayón

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