El concierto de San Ovidio

Recomendada para todos los que se divierten con los chistes fáciles de los programas más burdos de la televisión, o con las tontadas del Whatsapp más despectivas


Una sale de ver ‘El concierto de San Ovidio’ que se representa estos días en el Teatro María Guerrero con la sensación que produce el buen teatro. Con una factura clásica, la versión que Mario Gas ha desarrollado sobre el texto de Buero Vallejo conmueve e inspira a partes iguales. Además, destaca la labor de dinamizador de la profesión de actores que ejerce un medio como el teatral que no da tanta importancia a las caras conocidas, a la juventud y a la belleza. ¿Se imaginan una propuesta similar para televisión? Dudo mucho de la credibilidad de ciertos personajes representados por las caras más populares y jóvenes del panorama televisivo. El teatro, más allá de ciertas producciones que justo intentan explotar el poder mediático de algunos personajes, es el lugar perfecto en el que encontrar lo mejor del arte de la representación.

Volvamos a lo que nos ocupa, ‘El concierto de San Ovidio’ de Buero Vallejo. Resulta que estamos ante uno de los grandes autores teatrales españoles del siglo XX, o al menos de la segunda mitad, y apenas es representado en nuestro país. Dicen por ahí que se debe al celo con el que su familia revisa cualquier adaptación. Sea como fuere, este es quizá el año de la reposición de sus textos y de su puesta en valor. Esta versión de Mario Gas y la que La Joven Compañía está realizando sobre ‘En la fundación’ coinciden en el tiempo en la cartelera madrileña, tras muchos años sin ninguna puesta en escena de obras del autor.

La trama de esta propuesta versa sobre un grupo de ciegos que viven en un hospicio en París en el año 1771 y mendigan para sobrevivir. Un empresario, Valindín, les recluta para que formen una orquesta, la primera orquesta de ciegos, y desarrollen un espectáculo para el público que se acerque a las celebraciones de la fiesta de San Ovidio. Lejos de intenciones de ayuda a la inserción o simplemente compasivas, Valindín lo que quiere es montar un show de mofa y divertimento con unas personas a las que la sociedad de la época tenía completamente marginadas.

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Lo sorprendente es que este espectáculo es acogido con gran interés por el público que, en masa y bajo la euforia de las celebraciones y el alcohol, se mofa de los pobres infelices que no tienen una oportunidad mejor en la vida. Pese a que quizá a día de hoy nos parece que tratar a personas ciegas como carne de exhibición sería imposible, vemos claros ejemplos trasladables a nuestros días en el que ciertas peculiaridades sirven generan “divertidas” burlas o las personas más excéntricas son expuestas en peregrinos programas de altas audiencias para el regocijo de todos.

La marginación y los límites del humor son dos temas que remueven al espectador en esta propuesta por otro lado amable de ver y entrañable. Reírse de un ciego, de un negro, de un gay o de cualquiera a la que esa gente de risa fácil considera “no normal” es sin duda una de las peores muestras de falta de empatía de una persona. La risa en ciertas ocasiones solo sale si uno se posiciona en superioridad moral frente al objeto de la mofa porque, si no, es imposible. Todas las ideas son probablemente susceptibles de ser tratadas con humor, pero humillar a una persona para que las otras rían es simplemente crueldad.

14 actores y actrices forman el elenco de esta producción. José Luis Alcobendas, Lucía Barrado, Jesús Berenguer, Mariana Cordero, Pablo Duque, Nuria García Ruiz, Javivi Gil Valle, José Hervás, Alberto Iglesias, Lander Iglesias, Ricardo Moya, Aleix Peña, Agus Ruiz y Germán Torres desarrollan un trabajo muy cuidado. Sobresalen las interpretaciones de los personajes ciegos, muy logradas. La escenografía también es interesante, con paneles que se mueven y van conformando los diferentes ambientes. El video, por su parte, cuando añade personajes y acción a la propia historia queda un poco impostado, aunque se entiende la necesidad en una obra que ya tiene más de una docena de actores en plantilla.

‘El concierto de San Ovidio’ no solo habla de la marginación, sino que también reflexiona acerca de la lucha de clases y la justicia. Además, muchos ven implícita una crítica velada a la dictadura franquista (momento en el que fue escrita) en la metáfora de los ciegos protagonistas. La versión de algo más de dos horas que podemos ver en el Teatro María Guerrero hasta el 20 de mayo es una estupenda oportunidad de acercarse a la obra de uno de los dramaturgos españoles más interesantes, el autor de la conocida ‘Historia de una escalera’ y premio Cervantes en 1986.

Mi puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón

 

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Consentimiento

Recomendada para amantes del buen teatro, abogados desalmados y para aquellos a los que la rutina les ha incapacitado para sentir empatía hacia el resto del mundo


‘Consentimiento’ es sin duda uno de los montajes de la temporada. Este texto de la británica Nina Raine está siendo representado en las últimas semanas en el Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional en Madrid en una magnífica versión y dirección de Magï Mira. Sus dos puntos fuertes son la temática tratada (además de la excelente estructura del contenido), que remueve y cuestiona a cualquier tipo de espectador, y las espléndidas actuaciones desarrolladas por los siete actores en escena. Una auténtica experiencia teatral que mezcla el drama con el humor y la representación realista con las metáforas visuales, la danza y la música.

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Consentimiento nos plantea una trama doble. Por un lado, tenemos el juicio de un caso de violación en el que se dirime si hubo o no consentimiento por parte de la víctima. En esta parte se abren muchas preguntas, y no se ofrecen respuestas. El espectador puede reflexionar especialmente sobre qué es la justicia, la importancia de la presunción de inocencia, así como atender a las habituales dificultades que se plantean a la hora de denunciar una violación, en especial, a la falta de credibilidad que se suele otorgar a la denunciante. El consentimiento en una violación se diluye entre miles de tecnicismos y vericuetos legales que atacan a la víctima y la encierran en un difícil laberinto en el que la verdad poco importa.

En el otro lado, tenemos la historia de 6 amigos, tres abogados, un fiscal, una actriz y una editora, cuyas relaciones se tambalean con el paso del tiempo. La violación de la confianza es aquí el tema central, tanto dentro de las dos parejas que aparecen en escena, como entre amigos. El desgaste de las relaciones largas o la aparición de engaños e infidelidades plantean de nuevo una disertación alrededor del consentimiento dentro de los núcleos familiares de cada uno. Todo ello, redondeado por recurrentes referencias a la actual vida estresada en la que las prisas, los relojes, las alarmas, el tráfico, los desplazamientos diarios y la incapacidad para pensar y reposar nos convierten en autómatas psicóticos cuyas vidas hieren a los que nos rodean, además de a nosotros mismos.

Como os adelanté al inicio, el papel de los actores en escena es fundamental en esta obra. Todos ellos se meten en la piel de unos personajes poliédricos y contradictorios, que van mostrando todas las vertientes de sí mismos, desde las más enternecedoras hasta las más repulsivas. Destacan las interpretaciones de Jesús Noguero, Candela Peña y Nieve de Medina, especialmente en los momentos más dramáticos. Sin desmerecer los excelentes trabajos de David Llorente, María Morales, Pere Ponce y Clara Sanchís, que sacan adelante de manera excelente unos personajes sin altibajos. Podemos decir que tanto la elección del elenco como su trabajo interpretativo son magníficos.

La escenografía de Curt Allen Wilmer merece también sus elogios y junto a la iluminación de José Manuel Guerra, la música y ambiente sonoro de Bruno Tambascio y la coreografía de Toni Espinosa componen un todo con una potencia teatral espléndida.  Todos estos elementos, tienen una importancia especial en las transiciones entre escenas, que no solo funcionan como mero hilo conductor sino que aportan nuevos discursos en la obra.

En resumen, estamos ante una pieza con muchos y variados elementos que se intercalan y complementan de manera excelente para deleitarnos con lo mejor del teatro. Es por ello que cabe destacar la labor desarrollada por Magüi Mira como directora de esta extensa orquesta. Si tenemos que ponerle un fallo es quizá la duración, 2 horas y 45 minutos de función, donde es probable que con algún recorte se hubiera redondeado aun más la propuesta. En cualquier caso, si tienen ocasión no pueden perderse ‘Consentimiento’, en el Centro Dramático Nacional hasta el 29 de abril. Les encantará.

Mi puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón

 

 

Primer amor

  Recomendada para misántropos y misántropas, y para todos aquellos que odian a la humanidad y a sí mismos en algunas ocasiones


El Teatro Valle- Inclán del Centro Dramático Nacional acoge estos días la representación de la versión de José Sanchis Sinisterra sobre ‘Primer amor’, un relato corto que Samuel Beckett escribió en 1946. En forma de monólogo y protagonizada por Pere Arquillué, ‘Primer Amor’ podría resumirse como un sueño, una crítica, una pesadilla y una biografía al mismo tiempo. Este todo y nada es definido como un monólogo “anti-romántico”, pese a que se trata de algo mucho más allá, un cuestionamiento social, espiritual y vital de un personaje extraño y desagradable con el que el público puede llegar a identificarse.

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Dirigida por Miquel Górriz y Àlex Ollé, este ‘Primer amor’ nos presenta a un hombre raro, expulsado de su hogar, que vive al margen de la sociedad y que no cree en el amor. Sus relaciones familiares, personales y sentimentales, de las que habla a lo largo de la hora y diez minutos que dura la representación, son extrañas, ajenas a la vida social reglada y, sin embargo, el espectador se siente identificado con el personaje en muchas ocasiones. A ratos misógino, en general misántropo, a ratos sarcástico, otros desesperanzador. Cuáles son estos puntos comunes y el porqué de la inquietud que generan sus palabras será un ejercicio individual que tiene que llevar a cabo cada uno, ya que el texto y la propuesta tiene múltiples interpretaciones.

Se trata de un montaje que destaca en general por el ambiente que logra crear. La increíble actuación que realiza Arquillué, la espléndida escenografía, el juego de luces y el asfixiante texto se complementan a la perfección para atrapar al público en una perversión onírica, o quizá mortal. ¿Está vivo o muerto este protagonista? Sus cambios de humor y de registro son espléndidos y juegan incesantemente con el observador. Podríamos definirlo como una inquietante mezcla de Gollum, el personaje de El Señor de los Anillos, e Ignatius J. Reilly, de La Conjura de los Necios.

El peso de un texto rápido, enrevesado y repetitivo es llevado con fluidez por el actor. La escenografía es también una pieza fundamental. En el centro del escenario está colocado un prisma rectangular que es a la vez un banco, una lápida o un sofá. Sobre él, está ubicada una lámpara con una luz cegadora que sube y baja, accionada por un técnico que está todo el rato en escena. Un juego que ahoga al espectador y al propio protagonista.

‘Primer amor’ puede verse hasta el 25 de marzo en la sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán de Madrid de martes a sábado a las 19:00 horas y el domingo a las 18:00 horas. Si tienen oportunidad, no dejen de acercarse a experimentar de primera mano este inquietante golpe y sacudida espiritual.

MI puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón

La Sección

Recomendada para feministas fascistas, incluso si no se sienten representadas por este término, y para feminazis, incluso si el término se les queda corto


El Teatro del Barrio sigue acogiendo con gran éxito las representaciones de la obra ‘La Sección’ que revisa los principales momentos históricos de la conocida Sección Femenina, la organización de mujeres de Falange que determinó y aleccionó la vida de las mujeres españolas durante más de 40 años. Más allá de suponer una crítica a un modelo de mujer y un sistema educativo que ha calado hondo en la sociedad española y que determina aun a día de hoy las actitudes y creencias de las ciudadanas y ciudadanos del país, ‘La Sección’ destaca por reivindicar la invisibilización de la mujer en todos los ámbitos, incluso en el bando vencedor y cuando ha liderado hechos históricos determinantes y formado parte de una historia que se queda incompleta al ignorar a algunas de sus protagonistas.

‘La Sección’ es una obra escrita, dirigida y protagonizada por mujeres. Ruth Sánchez González y Jéssica Belda escribieron esta pieza que dirige Carla Chillida y protagonizan la propia Jéssica Belda, Manuela Rodríguez y Roser Pujol. Las tres actrices se ponen en la piel de Pilar Primo de Rivera, creadora de La Sección Femenina, Mercedes Sanz-Bachiller, fundadora del Auxilio Social, y Carmen Polo, mujer de franco. Tres personajes clave para entender gran parte de lo acontecido en el pasado siglo en España.

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Las actrices, acompañadas por un interesante juego de grafismos e ilustraciones de Elías Taño, realizan un recorrido histórico y vital que enlaza hechos de gran relevancia en el devenir político del país, con un análisis sobre la ideología y convencimientos de estas mujeres. Sin duda, se trata de las tres promotoras de la moral pacata, meapilas, patriota y machista que arrastramos hasta la actualidad. Tres personajes que interesa analizar, estudiar y no olvidar.

Conviene recordar algunas de las frases reales rescatadas de los ‘manuales de la buena esposa’ que se enumeran en la obra: “Escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos”, “Si tú tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de esta, ya que los intereses de las mujeres son triviales comparados con los de los hombres” o “Si tu marido te pidiera prácticas sexuales inusuales, sé obediente y no te quejes”. No hay mucho más que decir ante estas afirmaciones.

El ritmo en escena es ágil y entretenido. Con toques de humor, música y cánticos, la historia va llevando al público hasta los años 70-80 en los que esta organización desaparece y la mujer alcanza la igualdad legal. ¿Significa esto la igualdad efectiva? Desde luego que no, y la última parte de la obra de teatro se afana en explicar esto. Conmovedor es el momento en el que Jessica Belda enumera una por una a las 55 mujeres asesinadas el año pasado en España a manos de sus parejas, así como las reivindicaciones de libertad, respeto y autonomía.

La Sección nos presenta una visión feminista y reivindicativa de la historia reciente de España que por encima de todo emite un grito unánime: ¿dónde están las mujeres en la Historia y los cuentos que nos cuentan?

Mi puntuación 3/5

3estrellas

Estela Cayón

 

Beatriz Galindo en Estocolmo

 Recomendada para luchadoras, comprometidas y soñadoras


¿Se imaginan la potencia de la historia de la primera mujer diplomática española que fue nombrada embajadora en Finlandia y Suecia en 1937? ¿Y si a esto le añadimos la anécdota de que al ir a recibir el traspaso del embajador saliente se encuentra una puerta cerrada que no quiere facilitarle el paso por su condición sexual y por representar al gobierno de la II República? Sería sin duda una excelente obra de teatro. Además, se podrían incluir toques de las historias de algunas de las intelectuales, artistas y pensadoras más importantes del siglo XX, unido a su periplo vital en el exilio tras el triunfo de la dictadura franquista en España. ¿Se puede pedir más? Con todo esto, tendríamos como resultado una ficción apasionante, reivindicativa y entusiasta que engancha al espectador desde el primer minuto. Y, si además todo ello estuviera basado en hechos reales, la fuerza de la propuesta dramática sería inigualable.

Pero, ¿cómo pueden ser hechos reales unos sucesos de los que nadie habla y unos personajes de los que nadie sabe? Si esa historia descrita arriba le hubiera sucedido a un hombre quizá tendríamos canciones, murgas y chirigotas, libros y ensayos, y todo tipo de creaciones culturales alrededor de un tema tan interesante. Entonces, ¿por qué no se conoce esta historia que -oh, sorpresa- fue real?

Parece que la dramaturga Blanca Baltés, la autora de ‘Beatriz Galindo en Estocolmo’, lo tuvo claro al conocer los ingredientes comentados arriba sobre Isabel Oyarzábal, actriz, escritora, periodista y política, que son la base de su propuesta teatral. La vida de esta intelectual, que rompió todos los moldes y prejuicios de su tiempo, tiene muchos más puntos fuertes. Entre otros: fue la primera inspectora (así, en femenino, en la época debía sonar tan raro como ahora nos suena portavoza) de trabajo en España, comprometida con las reivindicaciones feministas y laborales, impartió conferencias por todo el mundo y en 1930 se convirtió en la única mujer de la Comisión Permanente sobre Esclavitud de las Naciones Unidas. En sus artículos periodísticos, firmaba con seudónimo, Beatriz Galindo, en honor a La Latina, que hace un cameo en la obra, y de ahí el título el drama.

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Por si fuera poco, este montaje nos cuenta también la historia de otras muchas mujeres que han pasado desapercibidas a lo largo de la historia del siglo XX, compañeras, amigas y conocidas de Oyarzábal, las llamadas ‘sinsombrero’. Desde Concha Méndez, que en su exilio americano deja más de lado la poesía y descubre la potencia del cine, a Victoria Kent, Victorina Durán o Delhy Tejero, entre muchas otras. Mujeres que tienen en común su coincidencia en el Madrid de los años 20 y 30 del siglo pasado, en el entorno de la intelectualidad de la época, y que han sido completamente ninguneadas por la historia oficial.

El texto de ‘Beatriz Galindo en Estocolmo’ cabalga entre la ingente cantidad de información y asuntos destacables en las vidas de todas estas mujeres de una manera ligera y vivaz. La dirección corre a cargo de Carlos Fernández de Castro quien consigue que todas las protagonistas, historias y detalles narrados mantengan un hilo conductor exquisito y cuidado. La propuesta muestra el agotamiento de esas mujeres cuya maestría, profesionalidad y arte eran tan deslumbrantes como increíble el modo en el que han sido ignoradas. Todo desde el punto de vista de unas personas luchadoras, inteligentes y vitalistas que, pese a tener todo en contra, no pudieron esconder su increible talento.

Gran parte del éxito de este montaje recae en las magníficas interpretaciones desarrolladas por las 5 actrices en escena. Carmen Gutiérrez, Chupi Llorente, Ana Cerdeiriña, Eva Higueras y Gloria Vega se ponen en la piel de diversos personajes combinando el orgullo por los logros alcanzados por estas mujeres con la pesadumbre de quienes se ven totalmente despreciadas. Curioso sentimiento ese de haber aportado y vivido para mejorar un país al que acabas por no importarle. Un sentimiento similar debió experimentar Max Aub cuando visitó España en los sesenta y acabo escribiendo ese diario desesperanzado que es ‘La Gallina Ciega’ acerca de un regreso que nadie esperaba.

Sin embargo, la historia de todas estas mujeres parece que comienza a recuperarse. Y que sin duda era muy reclamada. Muchos son los proyectos culturales (películas, libros, exposiciones…) que están dando voz a la vida de estas admirables mujeres españolas. Es curioso ver el retraso que llevamos en nuestro país a la hora de reconocer los logros de nuestras compatriotas. Para muestra, un botón. En 2011, la editorial granadina Almed publicaba por primera vez las memorias de Isabel de Oyarzábal en España, 70 años después de ser publicadas en Estados Unidos.

Beatriz Galindo es una obra de justicia poética, de justicia social y justicia feminista. Un llamamiento que te reconcilia con la historia, con el género humano y con el orgullo patrio. Una señal más de que algo está empezando a removerse en todo este lodazal patriarcal y machista. Y ahí estaremos para contarlo.

Mi puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón

He nacido para verte sonreir

Recomendada para cuerdos-locos y locos-cuerdos, padres y madres controladores, y aquellos más pasotas


Hoy se celebra la última función de la reposición de ‘He nacido para verte sonreír’ que está teniendo lugar en el Teatro de la Abadía de Madrid. El texto del argentino Santiago Loza en manos de Pablo Messiez como director no ha parado de cosechar éxitos a lo largo del año pasado. Y es que se trata de una propuesta conmovedora e inspiradora a partes iguales en la que el espectador se mete de lleno y se deja llevar hasta lo más profundo de sus sentimientos.

‘He nacido para verte sonreír’ nos presenta la de historia de una madre, interpretada por Isabel Ordaz, que habla con su hijo, en manos de Fernando Delgado-Hierro, el cual vive aislado por una enfermedad mental que le mantiene al margen de todo lo que ocurre a su alrededor. Se trata de las últimas horas en las que ambos van a vivir juntos, y de cómo esperan a que llegue el momento en el que la madre acompañe al hijo a su internamiento en un sanatorio mental.

Las únicas palabras que escuchamos son las de ella en un papel en el que Isabel Ordaz brilla con una fuerza inigualable. Durante hora y media, no para de hablar. Se trata de un monólogo intenso y profundo a través del cual trata de explicar y explicarse el camino que le ha llevado a tomar la decisión de llevar a su hijo fuera de su casa, sus dudas e inquietudes, y sus miedos. También nos muestra cómo esa madre intenta captar la atención de un hijo que se ha desconectado del mundo que le rodea, y la frustración que eso le produce.

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Vemos por momentos a una madre desquiciada y superada por los acontecimientos. Quizá algo desorientada por esa situación que le ha tocado vivir, o quizá motivadora de ese ambiente en el que se mueve un hogar a la deriva. En cualquier caso, la palabra dicha se presenta como una especie de desahogo, aun más marcada su función al contraponerse con el silencio absoluto del hijo. Sin alzar la voz en ningún momento, Fernando Delgado-Hierro deleita asimismo al público con una interpretación magnífica, llena de matices.

Sin duda, ambos realizan una labor actoral inmensa que transmite toda la tristeza y angustia posibles, sin caer en el dramatismo. Se agradece que el montaje no caiga en la búsqueda de la lágrima fácil, algo que podría haberse dado fácilmente, y que ayude al espectador en el camino de la reflexión profunda.

Interesante escenografía la de Elisa Sanz, que exhibe una cocina hiperrealista rodeada de montones de ramas que emulan el nido del hogar, la protección y aislamiento que puede suponer la familia. La iluminación de Pilar Parra también es muy acertada y va modulándose con los estados de ánimo de los protagonistas. Y el sonido de Nicolás Rodríguez muy apropiado tanto en las músicas que van apareciendo como en los sonidos ambientes que refuerzan ese realismo.

En definitiva, una historia sobre el amor maternal, sobre los vínculos afectivos y sus más inquietantes consecuencias, sobre la locura y la cordura, así como sus límites, y sobre el modo en el que afrontar las situaciones más complicadas de la vida. Una excelente propuesta para esta tarde de domingo. Todavía quedan entradas para su último día en Madrid.

Mi puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón