La Cocina

Recomendada para los emigrados españoles que viven en Londres y vuelven a casa por Navidad

 


Hace unos días, asistimos a ver La Cocina, el montaje y adaptación de Peris-Mencheta del texto de Arnold Wesker que está revolucionando a la crítica teatral y que se ha tildado como una de las obras del año.

la-cocina_cartel-wpcf_300x427La Cocina nos mete de lleno en el Londres de los años 50, tras la II Guerra Mundial. En un restaurante que ofrece 1.000 comidas diarias trabajan los 26 protagonistas, con muy distintas procedencias y situaciones personales, todas ellas impregnadas de cierta desolación y desesperanza. Tras vivencias duras como pueden ser una guerra o una gran crisis, los proyectos vitales se derrumban y las personas sobreviven, no viven. Vemos aquí cierta intención de comparar la situación actual con esta de posguerra, tanto en las vidas desubicadas de los protagonistas, como en la manera de enfrentarlas. La violencia, el racismo, el alcoholismo y el machismo salen a relucir.

Acierta Peris-Mencheta en el tratamiento de los conflictos laborales, la precariedad, la desesperanza… y en la elección del potente elenco que desarrolla un buen trabajo. Los 26 intérpretes se mueven en escena con un cuidado y atractivo orden, dirigido por Chevi Muraday, que es sin duda una de las partes más potentes del montaje, junto con la escenografía de Curt Allen Wilmer.

Sin embargo, la decisión de optar por una amalgama de acentos impostados y poco creíbles, así como la superficialidad con la que se trata cada historia, hace que la obra desde el inicio tenga al espectador desconectado. El plato servido por esta cocina no llega al público. Resulta superficial y tremendamente larga. Quizá la gran expectación generada con una desmesurada campaña de marketing y comunicación ha hecho que la decepción sea más grande.

Por supuesto, tiene su mérito el gran despliegue realizado, el llamado “teatro a lo grande”, que ya pocas veces tenemos oportunidad de disfrutar por el alto coste de este tipo de producciones y lo poco rentables que suelen resultar. Sin embargo, no debemos olvidar que cada año el CDN apuesta por montajes enormes, como “Los hermanos Karamazov” de la temporada pasada o “El laberinto mágico” que contaban con un elenco no solo amplio sino brillante, que atrapaban al espectador en su butaca y que lograban que las horas de espectáculo resultasen emocionantes.

La crítica implícita al capitalismo que ofrece La Cocina puede ser quizá la respuesta al porqué no funciona. No todo es la cantidad, los grandes recursos, la pomposidad o el gran despliegue de nuevas tecnologías utilizadas. Sin duda se trata de un conjunto de buenas y potentes ideas que apostaban a caballo ganador pero que sin embargo no cuajan. Pese a eso, o gracias a la gran promoción realizada, las entradas para todas las funciones en el CDN hasta el 30 de diciembre están vendidas desde hace semanas.

Mi puntuación 2/5

2estrellas

Estela Cayón

 

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El Público

Recomendada para mentes inquietas, transgresoras y libres


Federico García Lorca dijo de su obra “El Público” que quizá era irrepresentable en el momento en el que la creó y que sería un exitazo tras diez o veinte años. Han pasado más de 85 desde entonces y, a juzgar por las caras de algunos de los asistentes a la representación que tiene lugar estos días en el Teatro de La Abadía de Madrid, quizá aún sigue siendo incomprensible para algunos y un escándalo para las mentes más obtusas.

La versión dirigida por Álex Rigola, que cosechó grandes éxitos el año pasado, ha vuelto a la sugerente sala San Juan de la Cruz del teatro madrileño y la ha transformado. Las poderosas metáforas, imágenes e ideas creadas por Lorca lo invaden todo, desde el vestíbulo a las butacas, e intentan asaltar la mente de los espectadores.

Este texto complejo que es un canto a la verdad y la autenticidad está interpretado por 15 actores genialmente coordinados que mutan de unos personajes a otros y que pasan por diferentes registros durante las distintas partes de la obra. Todos ellos están espléndidos. Nao Albet, Jesús Barranco, David Boceta, Juan Codina, Rubén Eguia, Oscar de la Fuente, Laia Durán, Irene Escolar, María Ernanza, Alejandro Jato, Jaime Lorente, David Luque, Nacho Vera, Guillermo Weickert y José Luis Torrijo forman un engranaje perfecto. Hacen de lo confuso una virtud y toman de la mano al espectador para que se deje llevar por la inspiración y la más absoluta libertad, tanto a la hora de interpretar el sentido de la obra como de las tramas y del motor que mueve a cada personaje. Resultan creíbles, humanos. Podrían ser cualquiera de nosotros y ninguno a la vez. Se trata de un viaje directo al mundo personalísimo de su autor en el que nos encontramos con interpretaciones surrealistas y freudianas de los deseos, con diferentes alter egos del poeta y dramaturgo granadino y con sus honestas dudas profesionales y personales.

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La cuidada escenografía destaca por su versatilidad y estridencia, resultando tan conmovedora como los cambios de registro y ritmos. La tierra sobre la que caminan los actores y que dificultan sus movimientos, la ropa o su ausencia, la música en directo, la danza de algunos personajes y la luz, todo es destacable en un montaje diferente y trasgresor.

“El Público”, que podrá verse en La Abadía hasta el 18 de diciembre, es un canto por la libertad, por romper con las máscaras que encontramos en todos los rincones de nuestra sociedad, por la felicidad y contra la tradición que ahoga el goce y la satisfacción de nuestros deseos. Durante la hora y veinte que dura la obra, se pasa del cuestionamiento de las imposiciones sociales a la reflexión sobre la misión y la verdad del teatro. Nada se resuelve. La interpretación es libre, tan libre como las personas y los pensamientos.

Mi puntuación 4/5

4estrellas

Estela Cayón

 

Incendios

Recomendada para amantes de las tragedias clásicas y las más rebuscadas intrigas familiares


Nuria Espert recibió ayer el premio Princesa de Asturias de las Artes como reconocimiento a toda su trayectoria y su dilatada carrera en el mundo del teatro. Y no podía ser en mejor momento. Tras un pasado curso teatral formidable que le llevó de nuevo a interpretar al Rey Lear a las órdenes de Lluis Pasqual, Espert ha comenzado esta nueva temporada arrasando con Incendios, la obra sobre el texto de Wajdi Mouawad dirigida por Mario Gas que puede verse en el Teatro de la Abadía hasta el 30 de octubre.

Incedios es una obra universal, con todos los componentes clásicos de las tragedias griegas, y a la vez es muy actual en temática, usos y estilos. El texto de Mouawad, libanés afincado en Canadá y actual dincendios-2irector del Teatro de la Colina de París, es una herida abierta que nos muestra los recovecos de las relaciones familiares, lo peor de las guerras, la perversión de las personas y cuestiona sobre la capacidad de perdonar. También incide en el espíritu de supervivencia que todos llevamos instaurado en nuestro ADN y en cómo hasta los mayores horrores son muchas veces superados, olvidados o, al menos, ocultados.

El montaje dirigido por Mario Gas nos presenta a Nawal, una mujer de procedencia libanesa -deducimos- que acaba de morir en algún país del llamado “occidente” tras estar 5 años en silencio voluntariamente y sin explicación aparente. También a sus hijos gemelos, que se encuentran con una herencia llena de misterio. Si quieren conocer el contenido de todo lo que su madre les lega, deben buscar a su padre y a su hermano, dos personas cuya existencia ambos desconocían. La escenografía, de Carl Fillion, la iluminación, de Felipe Ramos, y la videoescena, del siempre tan acertado Álvaro Luna, apoyan y engrandecen una historia que va desde la infancia de la protagonista a su juventud y madurez, de la aldea, al desierto o la sede de la ONU en Nueva York, entre otros.

 

Además de la familia y sus oscuros lazos, Incendios también habla de la amistad, de la guerra y de la vida o, mejor dicho, del ánimo por vivir. Desde un lenguaje y planteamiento universales, Nawal muestra cómo para vivir el presente es necesario entender y conocer el pasado. Muchas escenas recuerdan episodios de nuestra historia más cercana, como el franquismo y la memoria histórica, y de la actualidad más inmediata, como las migraciones forzadas o los campos de refugiados que llenan a diario el contenido de los telediarios.

Si hay algo que destacar y que el público aplaude al terminar la obra es, sin duda, la gran labor de interpretación que realizan todos los actores y actrices de Incendios. Laia Marul, como Nawal joven, Ramón Barea, Alex García, Carlota Olcina, Edu Soto, Alberto Iglesias y Lucía Barrado transmiten toda la fuerza y la intención del texto original. Y, por supuesto, Nuria Espert que con su estilo sobrio y profundo hace que el público se remueva por dentro.

Las entradas para ver Incendios en Madrid hasta el 30 de octubre están ya agotadas desde hace semanas. La crítica se ha volcado con la obra y el público ha respondido con entusiasmo. Sin embargo, habrá más oportunidades para ver este montaje. Incendios estará de gira por diversas ciudades españolas desde el 11 de noviembre y volverá a la capital del 21 de junio al 16 de julio de 2017. Las entradas ya están disponibles. No se lo pierdan.

Mi puntuación 5/5

5estrellas

Estela Cayón

 

El Laberinto Mágico

Recomendada para soñadores, audaces y optimistas 


En esta sociedad sin memoria, El Laberinto Mágico se convierte en una obra necesaria y valiente. Sobre la versión dramática de José Ramón Fernández y dirigida por el vitalista e intrépido Ernesto Caballero, la obra de Max Aub toma sobre las tablas del Teatro Valle Inclán del CDN toda la fuerza con la que seguro su autor la concibió.

el laber.jpgEl Laberinto Mágico es una serie de 6 novelas que Aub escribió desde su exilio en México sobre la Guerra Civil española. Los 15 actores en escena, que representan múltiples papeles, no son solo el reflejo de cómo todo el mundo de cualquier procedencia, lugar, ideología y profesión se vio empujado a participar de algún modo en una dura guerra sino también un interesante crisol que muestra España a través de sus múltiples gentes, costumbres y vivencias. Desde la pacífica, soleada y refrescante Valencia, en la que uno cree que las guerras no le van a llegar; pasando por el siempre acogedor Madrid, lleno de su gente chula y de cualquiera que desee vivir en una ciudad formada por personas de toda procedencia, y llegando a la afrancesada Barcelona donde las bombas caen mientras se disfruta del cabaret.

El elenco realiza una interpretación memorable, atravesándonos con múltiples escenas, cruzando de unos personajes a otros, de vivos a muertos, de representaciones realistas a oníricos momentos… La escenografía, que recicla elementos de producciones pasadas del CDN, y la iluminación son austeras y efectivas, acordes con una historia que si bien tiene toda la importancia del mundo no debe idealizarse ni infantilizarse. En hora y media, se resumen las innumerables escenas contadas por Aub en una selección muy cuidada, representativa de la totalidad y bien hilada. Todo ello acompañado de la música en directo de Paco Casas y Javier Conde con acordes descarnados y desnudos que refuerzan los momentos más dramáticos.

Muchos pensarán que esta obra intenta ser un texto político reivindicador del punto de vista del bando perdedor de la Guerra Civil, pero no es así. Es un canto a la vida y al respeto por la historia y nuestros antepasados. Los muertos que han formado el país que hoy somos no deben caer en el olvido y enterrarlos en la memoria solo perjudicará a las generaciones futuras. La política es pensamiento y sin pensamiento no hay nada, ni personas, solo robots con pilotos automáticos que repiten actitudes y conductas sin pensar en las consecuencias.

El proceso de creación e investigación conjunta en torno al Laboratorio Rivas Cherif llevado a cabo por el autor de esta versión, junto al director y a los actores de la pieza, ha dado como resultado una obra intensa, que golpea en lo más profundo al espectador, que respeta el estilo personal y diferenciado de Aub y que sin duda es una de las grandes propuestas de la temporada que ya acaba.

Mi puntuación 5/5

5estrellas

Estela Cayón

Animales nocturnos

Recomendada para sonámbulos,  viajeros y como terapia de  choque para todos aquellos que justifican pensamientos ruines con razones inhumanas


Lo importante es la palabra. Como en toda obra de Juan Mayorga, Animales Nocturnos, cuya última función en su versión dirigida por Carlos Tuñón se representó ayer en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, el peso principal de la representación recae en la palabra, en un texto creado por uno de los mejores dramaturgos del panorama nacional y europeo que ha recibido recientemente el premio Nuevas Realidades Escénicas de la UE.

animales nocturnosSe trata de una palabra pronunciada, claro, por un elenco impecable formado por Jesús Torres, Pablo Gómez-Pando, Irene Serrano y Viveka Rytzner. Arropados por una escenografía creativa, original y muy eficaz. El pacto con el publico se produce y la acción fluye.

Y todo ello rodeado de violencia pero sin un golpe, ni un ápice de sangre o fuerza física. La violencia de las relaciones cotidianas, de los secretos y el abuso de poder, del absurdo y muchas veces injusto devenir cotidiano. Lo que termina por hacernos cuestionarnos todo, tal y como siempre consiguen los textos de este dramaturgo. El dialogo con el publico es constante y las preguntas e ideas fluyen en la cabeza de los asistentes al salir. Se nota en sus conversaciones e interpretaciones.

Una gran apuesta la de El Aedo Teatro, la de representar esta obra que trata sobre la inmigración y el provecho que alguien anodino (el hombre bajo) saca de otra persona más formada (el hombre alto) pero más vulnerable en algún sentido. También sobre las parejas y sus medias verdades y lados ocultos.

La versión actual de Animales Nocturnos es una revisión de la primera propuesta que hace 13 años Mayorga creó para un encargo del Royal Court de Londres que pidió a varios dramaturgos de todo el mundo piezas breves de 10 minutos que hablasen de la política de su país. Como toda obra de este autor, en constante evolución, el texto ha sido revisado para el momento actual. Esperamos volver a verla dentro de un tiempo, con sus cambios mínimos o enormes que seguro transmiten la esencia de las mismas dudas, cuestiones y sentimientos comunes a todo ser humano. Una gran propuesta escénica que nos permite disfrutar de lo mejor de la magia del teatro.

Estela Cayón

Mi puntuación 5/5

5estrellas

 

Reina Juana

Recomendada para celosos patológicos, historiadores y fanáticos de la Chica Ye Ye


Concha Velasco se convierte por 90 minutos en Juana de Castilla recreando sus últimos momentos de vida. Juana, la llamada “La Loca”, va repasando toda su existencia, lo que supone un pormenorizado recorrido por la historia de España de los siglos XV y XVI y también por sus vivencias más personales. Esta obra, escrita por Ernesto Caballero y dirigida por Gerardo Vera, encumbra a una actriz que se ha ganado a pulso el fervor con el que los espectadores abarrotan la sala para verla.

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A sus 76 años, los mismos con los que muere Juana I de Castilla tras su encierro durante más de 45 años en un castillo en Tordesillas, Velasco sostiene el peso de toda la obra con un monólogo que dota de sentido y fuerza a un texto sobre el poder, las intrigas, las relaciones familiares, el amor, la pasión y los celos. La escenografía, a cargo de Vera y Alejandro Andujar, los videos, de Álvaro Luna, y la iluminación, de Juanjo Llorens, acompañan y refuerzan su actuación en un trabajo escénico impecable.

Esta obra nos hace repensar acerca de la supuesta locura de Juana y de otros a los que muchos temen por diversos motivos y que encuentran en las acusaciones de enajenación la coartada perfecta para arrebatarles el control de sus vidas. También en la labor intrigadora de la Iglesia a lo largo de la historia, algo que está lejos de desaparecer. Y en la obsesiva manera en la que nos enamoramos y nos cegamos con personas o situaciones que se quedan para siempre en nuestra memoria.

Concha Velasco con su grandísima actuación nos transmite todo esto y más. Nos posiciona del lado de uno de los personajes quizá más maltratados de la historia española, en su tiempo, tras su muerte y hasta hoy. El público en pie durante varios minutos ovaciona a la actriz que se emociona y saluda personalmente a la primera fila y a todo aquel que no se resiste a acercarse a tocar a su admirada artista. Un momento fan propio de los más jóvenes que en este caso no atiende a edades ni procedencias.

En definitiva, una obra recomendable, como todas las protagonizadas por Concha, a la que siempre es un gusto ver en escena. Dudo de si tuviera la misma fuerza si no fuera ella la protagonista. Es verdad que otras representaciones sobre la vida de Juana de Castilla me han llegado más adentro que esta en algunas ocasiones y puede que las pasiones que ha desatado se deban más al deseo de ver a la idolatrada artista que a la obra en sí. Sea como sea, las localidades ya están agotadas para esta última semana de funciones en Teatro de La Abadía. Disfruten si son uno de los afortunados con entrada para estos últimos días.

Estela Cayón

3estrellas

3/5